jueves, 7 de junio de 2018

Relato erótico: Fiera

...A veces me hundía en su sexo de fuego y otras, con la verga bien ensalivada, me adentraba lentamente, cautamente, en su culo, sintiendo cómo contenía la respiración mientras me enfundaba por completo en una sodomía preciosa y queda que luego se convertía en un galope furibundo, el culo convertido en una peonza sabia y yo eyaculando dentro de aquel túnel perfecto hasta que la combinación de mis dedos y mi verga la hacía aullar sordamente, como una lobezna afónica. 

En todo esto pensaba, como prácticamente cada día, porque ella era una diosa del sexo, siempre dispuesta y ardiente, cuando estábamos juntos. Ansiaba llegar a su lado porque cada encuentro cotidiano era como un safari renovado y excitante.

Abrí la puerta y no la vi en la cocina, tampoco en el salón ni en el estudio que compartíamos. Subí las escaleras hasta llegar al dormitorio y allí estaba, echada en la cama, completamente desnuda, los pezones erguidos, con un aroma particular, el aroma del deseo sin fronteras. Y entonces sonrió y dijo, sencillamente… “es el momento, amor…” 

La mujer apareció desde el baño, completamente desnuda, con un cuerpo escultural, un rostro bellísimo, caminando descalza, casi danzando, hasta echarse al lado de mi mujer...


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