jueves, 24 de mayo de 2018

Relato erótico: Hechizo

...Quedamos en que caí en su hechizo como un súcubo de algún monstruo de película. O íncubo, para el caso da lo mismo. 

-Mi nombre es Habra. Soy siria. Y, naturalmente, tengo un problema -añadió con un ligero rubor en sus mejillas de pómulos altos bajo unos ojazos que arrasarían si se clavaran en algún letrista de bolero.

Para quienes imaginen a una muchacha siria de piel aceitunada, cabellera renegrida y pupilas oscuras, les aclaro que Habra es, era, es… bueno es la excepción de la regla. Piel blanca, cabellera color miel, ojos claros, aunque con una cierta radiación de Oriente Medio que no puedo clasificar, excepto por el acento marcado que tenía al hablar y que añadía, si cabe, más encanto al conjunto. 

Y el conjunto era un arma de depredación sentimental masiva. 

Le serví una taza de té porque me dijo que no bebía alcohol y yo degusté sorbo a sorbo una copa de bourbon mientras escuchaba lo que tenía que decir. Y lo que me dijo fue poco. Pero fue todo.

-Necesito acostarme contigo, Rocco. Saber cómo me entrego. Solo eso. Saberlo. No quiero cambiar, solo saberme.

Me conmovió tanto que estuve en esa encrucijada entre ser profesional y dejarme llevar por una libido que amenazaba con arrasarme hasta el orgasmo.

-No, no se trata de nada estrictamente sexual, aunque sí lo es, claro, lo que quiero es tu opinión profesional sobre mí.

No dijo mucho más. Nos desnudamos mirándonos a los ojos y no pude resistirlo más, de modo que caí de rodillas delante de aquel cuerpo perfecto, sinuoso y tibio, le besé los muslos y trepé por ellos hasta alcanzar el sexo al que dediqué el cunnilingus más sabroso de toda mi vida.

Fue algo extraño y hermoso porque cuando lamí su raja húmeda quedé atrapado en la droga de sus fluidos, sintiéndome tan dentro de mí, es decir…


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