jueves, 1 de marzo de 2018

Relato erótico: El contrato

...Ella gimió y se dejó masturbar durante varios minutos antes de lanzarse sobre la verga, grande, muy dura y gorda, para acariciarla, llevársela a la boca y dedicarle todo cuanto él deseaba… Lo ensalivó, masturbó, chupó, intentó la garganta profunda hasta ahogarse, le escupió el glande, continuó la paja casi hasta que él se dijo que iba a correrse, la mirada de ella buscando la suya de tanto en tanto, como si deseara descifrar su estado de excitación.

Abandonó la verga para echarse de espaldas, las piernas abiertas, y él la penetró con el rostro sumergido entre los pechos duros y grandes, encantado con el bocado de los pezones y todavía más satisfecho con el movimiento de caderas de danzarina experta. Lo conmovió algo especial: los músculos de la vagina se movían como los anillos de una boa alrededor de la verga que parecía atrapada en un masaje depredador, como si allí hubiera una fiera tierna, caliente, mojada y constrictora.

Resistió aquella maravilla durante mucho tiempo mientras le acariciaba los pechos, los lamía, se besaban en la boca y él buscaba el ano con un dedo bien lubricado y lo introducía sigilosamente hasta enfundarlo del todo allí, entre las nalgas...


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