jueves, 23 de noviembre de 2017

Relato erótico: Altos vuelos

...Sonrió y sus ojos orientales brillaron a escasos centímetros de mi rostro, los labios carnosos dibujando una sonrisa dulce y apetitosa, los pechos tensos sobre la blusa blanca de personal de línea aérea. 

Siglos de represión impidieron que el mamífero más o menos civilizado que me habita controlara ese impulso que me empujaba a desnudarla, aspirar el perfume de su sexo, meterle la lengua entre las nalgas, hundirla en la vulva, frotarle el clítoris para encenderla, para darle todo el placer que ella me había sugerido nada más que en esos breves segundos que permaneció inclinada delante de mí.

Percibí un fulgor en su mirada y quise creer que ella había experimentado el mismo deseo, un arrebato sensual idéntico al mío, que formábamos parte de algo que nos superaba.

Se alejó lentamente y me miró por encima del hombro mientras el capitán indicaba que estábamos a punto de despegar. Pensé que era de noche y el vuelo duraría varias horas, de modo que podría… ¿Que podría qué? El monstruo racional que también me habita me llevó de inmediato hacia la rutinaria sensatez. Había sido una conmoción exclusivamente mía, nutrida de todas mis ficciones eróticas, de algún recuerdo sexual mezclado con una larga época de encuentros púbicos breves y sin contenido.

Cené, miré con desgana una película cuando se apagaron las luces y me dirigí al lavabo antes de disponerme a buscar un sueño que estaba seguro que no llegaría. Abrí la puerta y entré en el pequeño compartimiento. No pude cerrarla porque ella, mi musa oriental imposible, lo impidió. Acto seguido entró y deslizó el cerrojo...


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