jueves, 21 de septiembre de 2017

Relato erótico: Red Nalás

...El tipo, supongamos que se llame, Sagrav, P. Sagrav, era uno de esos dictadores que los espabilados de siempre habían puesto al mando de cierto país minúsculo pero con mucha riqueza mineral, coltán para ser más precisos. Entre otros numerosos crímenes innombrables que no le habían impedido continuar con sus masacres, se decía que había hecho desaparecer a un grupo de médicos de una ONG que visitaban una de las minas en un lugar remoto, montañoso y que era prácticamente un lodazal.

Ahora, Red Nalás estaba en mi cama. Era tan hermosa que podría haber estado en la cama que se lo propusiera. Ya se sabe, con sábanas de algodón de Damasco y un Lambroghini a su nombre. Y, sin embargo, estaba sobre mi gran sofá convertido en cama en una esquina de mi oficina-consulta-vivienda-hipotecada.

Nos habíamos duchado y allí mismo comenzó con una felación como solo ella sabe hacerla, con las manos envolviendo los huevos, la lengua y los labios danzando con una coreografía misteriosa sobre el glande, y su mirada verde clavada en mi rostro asombrado ante su arte y feliz de recibir sus dones. Luego nos echamos sobre mis sábanas limpias y se hundió el falo en la vagina en su postura preferida, la vaquera de rodeo, y subió y bajó, se echó hacia atrás y hacia delante, metió los...


No hay comentarios:

Publicar un comentario