miércoles, 13 de septiembre de 2017

El juego

...Madame Claude y sus chicas, pasando por la voluptuosa Dalila, encarnada en el cine dentro de la anatomía privilegiada, en aquellos años, de Gina Lollobrigida, han conseguido plantear innumerables polémicas.

¿Son putas, son demonios, agentes de cambio imprescindible, maravillosas criaturas que supieron desde siempre cómo funciona el deseo y hasta dónde es posible extenderlo?

El romano poderoso, el César, llega con su faldilla mini, su espada corta y, se supone, su pene razonable y erecto, hasta los dominios de la faraona que se revuelve semidesnuda tras innumerables velos que rodean su enorme cama de los pecados sin fin.

Ella ronronea en egipcio antiguo y él farfulla en latín en evolución. Debajo de su túnica transparente, la anatomía de la reina resulta deslumbrante. El César se quita el ropaje de guerrero y se abalanza sobre la bella para lamerle la boca, chuparle los labios, los pechos, los pezones, devorarle el sexo entre las perfumadas piernas que ella abre encendida como una pantera ninfómana y, antes de proceder a la penetración interminable y en todas las posturas...


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